Despejando la confusión

Por Ana Raquel Chanis
Consultora de Imagen Pública Personal y Corporativa
Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

La Imagen Pública es dinámica, cambiante y exige constante vigilancia.  Gracias a ese dinamismo la imagen puede ser cambiada; ya sea que se trate de un individuo o una institución, la imagen correspondiente puede variar infinitamente según hechos, circunstancias y o acciones que en determinado momento produzcan cambios de opinión.  Lograr una buena imagen pública y mantenerla es producto de la constante repetición de estímulos positivos que fijan opiniones en la mente de los demás, opiniones siempre expuestas a pasar en segundos de positivo a negativo y viceversa.  Los verdaderos exitosos lo saben, por ello les urge ayuda constante y asegurarse de que la falta de su propia objetividad o la de quienes jamás desenmascararían la realidad cause una caída en picada de su reputación o su negocio.  

Un claro ejemplo del dinamismo de la imagen Pública es el caso del Presidente de Perú Alberto Fujimori.  A principios de 1997 los índices de su popularidad habían descendido y su imagen se había deteriorado. 

La sorpresiva toma de la embajada de Japón crea una crisis que puso al gobierno peruano bajo la lupa de la opinión pública internacional, porque estaban en juego las vidas de muchos rehenes, entre ellos importantes personalidades públicas. Frente a la crisis, el Presidente Fujimori pudo mantenerse alejado del escenario de los hechos e informarse desde la casa presidencial; pero, contrariamente a lo más fácil, se presentó en el dramático escenario con un notorio chaleco antibalas simbolizando el peligro al que se exponía, dando órdenes  y mostrando que estaba dispuesto al  riesgo que corrían los cautivos.  Sobra decir que en 24 horas el índice de popularidad del Presidente peruano subió más del 70 %  y recibió el espaldarazo de la opinión pública nacional e internacional, a pesar de la pérdida de vidas durante la operación de rescate.  

Una de las preguntas que con más frecuencia me hacen en nuestras conferencias y seminarios se refiere a la posibilidad de cambiar una imagen negativa.  Mi respuesta es “no hacemos milagros, pero generalmente sí.”…y es cierto.  Siempre tomará más tiempo y será más difícil reconstruir una imagen que crearla desde el origen. Nuestro método impone investigar qué tan enojada o agraviada estará la gente ante estímulos recibidos repetidamente, porque la eficiencia de una imagen irá en relación directa a la coherencia de los estímulos que la causen para actuar en consecuencia.

Es muy importante aclarar que crear una imagen no significa falsear la realidad.  Conozco la distorsionada opinión de algunos sobre la consultoría de imagen.  Nuestra primera condición es respetar la esencia del cliente y para lograrlo, reconocerla; el público no es tonto y tiene un sexto sentido que intuye cuando algo no es verdadero.  Todo lo anterior explica el por qué la improvisación y falta de metodología especializada son un pecado ante semejante responsabilidad.  Cuando leo en tarjetas de presentación de estilistas, modistos, publicistas u otros respetables profesionales que se definen como consultores de imagen, me pregunto cómo ofrecer que un vestido, color de cabello o cuña publicitaria logrará un cambio real en la opinión de los demás.

Para obtener una Imagen Pública los grupos objetivos deberán recibir muchos estímulos más allá de la imagen física; el tiempo en que se contesta una llamada, la puntualidad, la luz y el aroma del negocio, la palabra escrita o hablada, las reacciones frente a las crisis, la conducta en la fiesta de la oficina, la bebida en la comida de negocios, la maleta del viaje de trabajo o los niños en la oficina son algunos de los muchos detalles que cambian negativamente la imagen corporativa.

El lenguaje procaz, la falta de  prudencia, el timbre del celular, la carencia de pañuelo en el momento preciso son unos pocos ejemplos de lo que cambiaría negativamente su imagen pública personal  Con lo anterior no desvirtúo la importancia de una buena decoración de oficina, un buen corte de cabello o un vestido fino, pero es responsable dejar claro que los cambios físicos, de modo aislado, no incrementarán la Imagen Publica personal o corporativa de persona o empresa alguna.  La Imagen Pública puede interpretarse como el recuerdo que nos queda después de una experiencia de cualquier tipo y que inconscientemente evocaremos.  El resorte que impulsa a aceptar o rechazar lo percibido.

Si la Imagen Pública es la ciencia de la comunicación del nuevo milenio y el éxito o el fracaso dependen en gran medida de la manera como somos percibidos, resulta inteligente recurrir a un Plan Maestro para ser aceptado, crecer, ascender y ganar.  Integrar los pequeños detalles que impactarán sinceramente a los demás será la clave inteligente, segura, infalible estrategia que convierte gente que sueña en triunfadores.

  • 1
  • 2
  • 1

APEDE Avenida Justo Arosemena, Calle 31, (Frente a la piscina Adán Gordón)
Tel.: (507) 204-1500  Fax: (507) 205-1510