La demanda de alimentos en el contexto mundial y Panamá

Por: Centro Nacional de Competitividad

El crecimiento de la población mundial y los cambios estructurales experimentados en los últimos años, han puesto de manifiesto la necesidad de replantear la situación de los mercados de alimentos, en particular los países emergentes (PE) y en desarrollo (PED) que son los más afectados ante las fluctuaciones económicas y los cambios en las tendencias del consumo y la producción de alimentos.   
Según la FAO (Organización de las Naciones Unidad para la Alimentación y Agricultura), entre 2000 y 2005, de cada cien dólares que aumentó el consumo mundial de alimentos, 92.2 correspondieron a los países emergentes. Solo en África el consumo de calorías contribuyó con el 20% del total, ubicándose  por encima de China (16.4%) y la India (18.2%), que eran los principales consumidores de calorías en el mundo.

Para el 2020, por la mayor participación de las economías emergentes, se espera que el consumo crezca 93.3% en carne vacuna; entre el 85.7% y el 87.9% en pollo; 88.5%, en leche; 88.9%, en trigo; 94.5%, en maíz; entre el 95.3% y 97.4%, en soja; 71%, en girasol; 98.8%, en frutas de pepitas y 84.2%, en frutas cítricas. Estas proyecciones y la evidencia de altas elasticidades en ingreso de la demanda de alimentos, sugieren que las políticas dirigidas al sector productor de alimentos deben formularse muy bien y ser implementadas cuanto antes.

En cuanto a los precios, la FAO identificó posibles causas que impulsaron los precios internacionales de alimentos, de las cuales algunas son tendenciales, tales como: bajos niveles de existencias mundiales de cereales, restricciones a las exportaciones impuestas por algunos gobiernos, debilitamiento del dólar estadounidense, aumento de la demanda de productos básicos agrícolas (biocombustibles), entre otras, mientras que entre las coyunturales tenemos: malas cosechas en los principales países exportadores, volatilidad del precio del petróleo y el creciente apetito de los especuladores y fondos de inversiones (mercado de futuro y opciones) por ampliar las inversiones de cartera en productos básicos debido al considerable exceso de liquidez mundial.

Los precios han subido drásticamente en muchos países, mientras que en otros no variaron o se adaptaron a ellos lentamente.  Estos distintos mecanismos, indican que habrá países donde los productores agrícolas se benefician del aumento de los precios en los mercados mundiales, en tanto que otros ni siquiera perciben dichas alzas y no tendrán incentivos para incrementar la productividad y la producción. En un análisis realizado por la FAO, tomando una muestra de 150 casos de variación en los precios de alimentos, sólo un 66% de las veces la producción reaccionó en la misma dirección de los precios, indicando que es poco complejo el pronóstico acerca de cambios en la producción ante variaciones de precios.

En cuanto a Panamá, el sector agropecuario aportó al PIB en términos reales, el 3.5% promedio anual del 2007 al 2010 y 18.0 % de la generación de empleos directos e indirectos. Además, su importancia relativa en las exportaciones y el suministro de la demanda alimenticia en el país posiciona al sector como eje fundamental para el desarrollo sostenible del país
No obstante, los precios nacionales de alimentos y bebidas, medidos a través del índice de precios al consumidor urbano, han aumentado en promedio 6% los últimos 5 años e incluso para el presente supera el 8%.

La producción de los principales alimentos básicos del panameño muestra una tendencia a la baja, reflejada en el abandono de muchos productores y la reducción de las superficies de siembra utilizadas en la actividad agrícola.  Esto se debe a la baja rentabilidad de la actividad y a la falta de incentivos que fomenten la competitividad de los productos agropecuarios.

Ante esta situación, es necesaria una política agropecuaria integral que contenga los siguientes aspectos:

  • Revisión del sistema impositivo y de la estacionalidad de las importaciones de alimentos, de modo que no perjudique la cosecha nacional.
  • Apoyo al desarrollo de las economías regionales mediante la asignación de recursos del Estado para mejorar la infraestructura necesaria para producir.
  • Incrementar las superficies cultivadas y fomentar la utilización de semillas de alto rendimiento.
  • Fomentar el desarrollo de clústeres que faciliten la diferenciación de productos y aumenten la competitividad de los mismos en los mercados extranjeros.
  • Reforzar los incentivos a los productores mediante financiamientos blandos y premiando experiencias exitosas.
  • Evitar el riesgo de la “enfermedad holandesa” incentivando la diversificación de los cultivos en los cuales el país tiene ventajas comparativas.
  • Educar a  los productores no solo en aspectos técnicos, sino también en aspectos económicos para que puedan tomar decisiones objetivas a la hora de producir.  
  • Garantizar el acceso a tecnología.
  • Fortalecer el presupuesto del MIDA, para que sea cónsono con las necesidades que enfrenta el sector y permita una verdadera transferencia de tecnología, necesaria para la sobrevivencia del mismo.

Pie de foto:
Faltan incentivos que fomenten la competitividad de los productos agropecuarios, por lo tanto, es necesaria una política agropecuaria integral.

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