El desafío de una nación que apuesta por el conocimiento

Por Eysel Chong

¿Se imagina usted formando parte de la tripulación de un barco en la que sólo su capitán y cuando mucho su equipo de oficiales conocen la misión o el objetivo que se tiene trazado?  No son para nada extraños los comentarios entre los demás miembros de la tripulación “es que no tenemos una visión”. Como capitán al mando esta situación le puede llegar a enfurecer, más aún cuando frente a usted, todos parecieran tener una visión.

Sólo a Cristóbal Colón la historia le reconoce el mérito de una travesía para la cual se pensaba que existía un destino, pero que al llegar no se sabía a dónde se había llegado y al regresar tampoco se sabía explicar dónde se había estado. La historia también cuenta que durante la travesía hubo motines, sobre todo por el temor y la desconfianza que se apoderó de aquellos que consideraban el viaje como algo fuera de la realidad.

No se trata de hacer comparaciones entre la sociedad de hoy y la sociedad que vivió hace más de 500 años. Sin embargo, muchas conductas y patrones parecen no haber cambiado. Los motines, por ejemplo, a falta de una visión compartida dejan en evidencia la capacidad de las personas que dirigen una operación de aprender sobre lo que se hizo bien o se pudo hacer mejor.  Cristóbal Colón fue capaz de convertir su propia experiencia en conocimiento y concretar en una década su serie de cuatro viajes.

La capacidad de aprender tanto de individuos como de organizaciones no es cosa del pasado y en la sociedad de hoy, con respecto a la que existió hace más de 500 años, lo único que ha cambiado es la velocidad con la cual se procesa la información para producir conocimiento. Definitivamente, las nuevas tecnologías de información y comunicación se hacen cada vez más difundidas y aplicadas y su cobertura ha llegado a límites nunca imaginados.

La noticia del fin del mundo, difundida a fines del año 2012 por miles de personas a través de las redes sociales y otros medios de comunicación, dio mucho de qué hablar y para algunos fue oportuno utilizar tales comentarios para desarrollar ideas y contenidos creativos e innovadores. Uno de estos comentarios circulados por la internet decía: “No tengo miedo que se acabe el mundo en el 2012… tengo pánico que siga igual”.

Un nuevo año se nos presenta y con ello el gran reto de decidir si queremos seguir haciendo las cosas de igual manera esperando a cambio resultados diferentes. La interesante frase sobre el fin del mundo que se ha citado antes, debe traer a la reflexión sobre lo que ocurre a nuestro alrededor en el ámbito de la economía, el desempeño de los gobiernos, el de las empresas y, sobre todo, en el núcleo familiar. Como sociedad se ha de tener la aspiración de convivir en un entorno de justicia, paz y prosperidad.  Se ha de tener la aspiración de formar parte de una sociedad capaz de asumir los retos de la próxima década, en cuanto a la desigualdad económica y el desarrollo sostenible.

Los paradigmas de la sociedad que hoy conocemos como sociedad del conocimiento se apoyan en la hipótesis de que una sociedad es capaz de convertir sus propias experiencias en conocimiento en la medida en que sus miembros sean capaces de coexistir entre voluntades y visiones distintas, pero con la capacidad de acordar los términos y condiciones de colaboración.  

Los panameños, en el actual escenario, tenemos la oportunidad de ser parte del desarrollo de una sociedad capaz de aprender de su pasado, analizarse y comprenderse a sí misma en su presente, anticipándose a los retos de su propio crecimiento y modelación. La salida estratégica para este gran desafío es, probablemente, desarrollar la capacidad para crear pensamiento prospectivo. Para ello, se hace necesario establecer líneas, objetivos y proyectos estratégicos que orienten el crecimiento y  la transformación hacia una sociedad inteligente y capaz de diseñar su futuro. Como panameños tenemos la obligación ciudadana de sumarnos al tren del conocimiento y de la comunicación, de procurar las mayores oportunidades para el mayor número posible de ciudadanos.  

Hacer visible lo invisible no es una tarea fácil, pero tampoco imposible.  Si las voluntades y las visiones compartidas existen y se tiene la capacidad de acordar los términos y condiciones de colaboración, se pueden crear las condiciones culturales, educativas, económicas y productivas que, de manera integrada, nos hagan una sociedad de mejores oportunidades.

La historia ha evidenciado la capacidad de los grandes líderes para motivar, persuadir y lograr cooperación entusiasta.  Lo que ahora nos falta es una visión de largo plazo. Esta debe poder traducirse en una historia que pueda contarse con verdadera autenticidad, sobre todo cuando esa visión implique mover el status quo al que las personas ya se han acostumbrado. De hecho, las relaciones de confianza y apoyo entre los integrantes de la sociedad serán las que establezcan el clima necesario para intercambiar y generar conocimiento.

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