La educación y la brecha de la pobreza

Por Héctor M. Cotes

“La Educación nos hará libres”: Siempre me ha gustado el poder de esta frase porque recoge el impacto que tiene la educación en transformar vidas y sirve a manera de reflexión inicial. Al igual que muchos, estoy convencido que la educación es el vehículo más apropiado para el desarrollo de los pueblos y que permite reducir las brechas entre la pobreza y una situación de mejor bienestar. Entonces, si la educación es la clave, ¿por qué no es la prioridad número 1 como país?

Sería importante aclarar primero que la educación es responsabilidad de todos.  Gobiernos vienen, gobiernos van.  De igual forma, cada uno generalmente trae sus propias reformas educativas para sus cinco años. Lo cierto es que no podemos dejar la entera responsabilidad ni a los gobiernos ni a los profesores.  Los padres de familia y los estudiantes son igualmente  importantes en el proceso de enseñanza-aprendizaje.

Tampoco es cuestión de fondos destinados a la educación, ya que las cifras indican que hace más de una década, Panamá es uno de los países del área que más invierte en educación. Sin embargo, los resultados del sistema escolar, los estudiantes, distan mucho de lo que necesita el mercado laboral.  Entonces, ¿qué nos falta y cuáles son los retos que tenemos como sociedad?

Considero que el primer reto de nuestra educación es de enfoque. ¿Para qué queremos educar a nuestros hijos? ¿Qué sociedad panameña queremos todos para los próximos 10 ó 20 años?  Con una economía en crecimiento, nos debemos preguntar como sociedad si nos queremos conformar con el pleno empleo, sin importar el tipo y calidad del mismo, o debemos empezar a transformar nuestras competencias individuales hacia trabajos más especializados, ahora que están los tiempos de las vacas gordas. Entendiendo que, si bien es cierto, la coyuntura es muy buena, estos empleos son eventuales y se deben en gran medida a los grandes proyectos en ejecución que tienen fechas de finalización. Importante resaltar que no consideramos que sea función del Estado planear centralizadamente, como ente todopoderoso, la economía del país; al contrario, consideramos que es función de cada individuo a través de sus decisiones diarias construir la economía de nuestra sociedad basados en la mejor información disponible.

Otro reto importante de nuestra educación es el desacople entre centros educativos y mercado laboral.  Muchos jóvenes salen de las escuelas llenos de esperanza, para luego chocarse contra la cruda realidad que la oferta del mercado laboral está buscando, en muchas ocasiones, un conjunto de competencias que no tienen desarrolladas, por lo que terminan realizando otros trabajos de menor remuneración o se ven desplazados por personal extranjero más preparado. Es necesaria mucha más coordinación entre la oferta (empresa privada y gobierno) y demanda laboral (personal calificado y centros educativos que lo forman).

Si queremos cerrar la brecha de la pobreza, debemos prepararnos y desarrollar nuestras competencias para un entorno globalizado, de manera que se pueda aumentar la productividad laboral, que al final se traduce en un aumento de los salarios promedios de los panameños. Sin productividad asociada a estos aumentos, los mismos se convierten en ajustes artificiales, como los aumentos periódicos del salario mínimo, que sólo generan inflación al ser una transferencia de costos en espiral al consumidor final.

Algunos datos finales que nos debieran poner a reflexionar sobre cómo estamos en educación y salarios:

  • Según cifras oficiales, el 80% de los panameños tiene un sueldo igual o menor a los 800 dólares.  La canasta básica está cerca del 40% de este sueldo.
  • De toda la población económicamente activa, 46% no ha terminado escuela secundaria, es decir 600,000 personas.
  • De acuerdo al Estudio de Mejores Empleos en Panamá, del Banco Mundial, “inmigrantes de alta calidad han contribuido al crecimiento reciente en Panamá, pero al mismo tiempo, refleja los retos que enfrenta el sistema educativo para generar profesionales de alta calidad”.

Tal como lo establecen los principios de APEDE, debemos defender la libre empresa, por lo que debemos procurar que todos los participantes en esta sociedad tengan iguales oportunidades ante la ley y los desafíos que enfrentaremos en un futuro. Es ahí donde la educación juega un papel preponderante.

Tenemos que reinventarnos como país y como sociedad, dándole prioridad a la educación como pilar para lograr sostenibilidad en este crecimiento. El éxito pasado no garantiza el éxito futuro. Ni siquiera el éxito actual lo garantizará.

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