Alza de canasta básica, regulación de precios, libre oferta y demanda

Por Manuel Castillero
Analista- Centro Nacional de Competitividad

La amenaza de que aumente la inflación en Panamá y en particular el precio de los alimentos y el combustible, ha puesto nuevamente sobre el tapete la discusión de si se deben regular los precios o no.

Quienes abogan por esa alternativa sostienen que la regulación pondría freno al alza y a la especulación de los bienes y, además, asumen casi por definición lógica que las consecuencias de dicho aumento son el resultado de la llamada libre oferta y demanda. La primera constituye una verdad a medias, la segunda parte de una premisa falsa; por tanto, no es extraño que ambas lleguen a resultados falsos.

La primera asume que la regulación garantizará  un justo acceso a los bienes y servicios que serán regulados: un precio justo. El hecho es que la regulación sólo garantiza el acceso a estos bienes “a precios justos” por un tiempo muy corto (generalmente lo que tarda la empresa en renovar inventario).  A mediano plazo lo que deriva es una disminución del total de la oferta de dicho bien y su eventual desaparición, sino no se corrige el desbalance.

Esto ocurre, ya que cuando se fija un precio que no cubre,  por ejemplo, los costos, quienes están llamados a ofrecer el producto no pueden cubrir sus costos de operación,  o sus márgenes de ganancia caen en forma insostenible a largo plazo. Para muestra un botón: ocurre en economías reguladas total o parcialmente como Cuba, donde de forma crónica los anaqueles de comida están casi vacíos, o Venezuela, donde se producen frecuentes desabastecimientos.

Otras posibilidades bajo un régimen de regulación es que surjan los llamados mercados negros, donde circulan bienes cuyos precios son más elevados de los que eran antes de tomarse la medida de regulación.

Decíamos que la segunda también es falsa.  Los hechos demuestran que, precisamente, la ausencia o la falta de libre oferta y demanda exacerban o agravan los problemas relacionados con el alza de los precios. Un ejemplo: si bien en Panamá el alza internacional de los combustibles incide sobre los precios locales, ello se ve agravado, precisamente, por una rigidez que afecta la calidad y precios de los alimentos que se ofrecen en el mercado local.

En Panamá, justamente, se reduce la oferta a través de altos aranceles de importación tanto para algunos insumos agrícolas como productos finales, lo cual de hecho ya constituye una restricción a la libre oferta.  Con frecuencia se ha argüido, además de los más altos niveles, que se produce un diferencial entre el precio final y el precio a puerta de finca. Si fuera así, ¿ayudaría el examinar la posibilidad de tomar medidas para que haya una mayor concurrencia de intermediarios al mercado?

Con frecuencia se alega que aumentar las importaciones tampoco resuelve el alza de los precios, porque los intermediarios  se quedan con la diferencia.  Si fuera ese el caso habría que investigar si existen severas restricciones o barreras a la entrada para que concurran al mercado diversos exportadores y distribuidores que compitan entre sí.

De allí que, más allá de otros desafíos que sin duda enfrenta ya el sector agropecuario en Panamá, como reforzar la inversión pública (carreteras, puertos y puentes, sistemas de riego etc.), facilitar accesos de los productores (principalmente los pequeños y medianos), diversificar la producción con nuevas técnicas; también haría falta aumentar la entrada de participantes a la cadena de distribución a efecto de permitir una mayor concurrencia de oferentes.

En resumida cuenta, la ausencia de estos elementos en el mercado agropecuario, aunado a las necesidades de adoptar medidas como las mencionadas de promover más mercados, provocan un aumento en el precio de la canasta básica.

Si bien es cierto que Panamá no puede hacer frente al alza en los costos de los insumos internacionales, no es menos cierto  que se puede bajar la canasta básica promoviendo una mayor libertad de oferta y demanda en el mercado, y, por supuesto, procurando una mayor eficiencia de la producción interna (la cual debe en efecto protegerse, pero buscando un balance tal que también asegure el interés de los consumidores).

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En Panamá se puede bajar la canasta básica promoviendo una mayor libertad de oferta y demanda en el mercado, y, por supuesto, procurando una mayor eficiencia de la producción interna.

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