Jorge Yarce- Presidente ILL
Los medios de comunicación se ocupan a toda hora de hablar de los escándalos que se producen en las organizaciones, casi siempre relacionados con la corrupción. Pero muy pocas veces hablan de las entidades y empresas que destacan por sus prácticas éticas. Lo que es noticia es la mala práctica, las violaciones éticas. Más que una moda, la ética empresarial es hoy una necesidad. Pero lo urgente no es hablar de la falta de ética o del fenómeno de la corrupción, sino de la forma como se puede convertir la ética en una fortaleza corporativa, para fomentar una cultura de la integridad que evite la desintegración social.
A pesar de que se habla de Ética empresarial hace muchos años, no existe una cultura ética arraigada en la mayoría de las empresas. Hay mucho discurso ético pero poca estrategia ética en marcha. Por eso, esta conferencia está centrada no tanto en los distintos enfoques teóricos que se pueden dar a la Ética en las empresas, sino en explicar cómo se gestiona la ética, a través de una metodología ya experimentada, para lograr crear progresivamente una cultura ética que sea sostenible en el tiempo, y cómo comprometer los esfuerzos de los directivos de la organización y de cada uno de sus integrantes en tan deseable tarea.
1. ÉTICA EMPRESARIAL EN ACCIÓN: DE LA TEORÍA A LA PRÁCTICA
A. La ética como un asunto personal
1. Qué es la ética:
Es un aspecto radical de la acción humana, como la racionalidad o la lógica: no es algo añadido, es previo al actuar. No somos éticos porque la sociedad haya decidido que lo seamos, ni depende de los avances científicos o tecnológicos, ni del entorno.
Para los griegos eso era el ethos, algo propio de la condición humana, lo que la identifica como tal. Es decir, así como hay algo que nos hace ser humanos, la razón, el espíritu, la libertad, hay algo que nos hace ser éticos, que nos impulsa a hacer el bien y evitar el mal, algo natural en el hombre. Un ejemplo es el valor de la propia vida: eso no depende de los demás de la sociedad; es algo nuestro que nadie lo puede arrebatar; y cada uno es responsable de ella y los demás de respetarla. De ahí que la Ética sea per se, por sí misma, no por las circunstancias (como la responsabilidad social por ejemplo);
La ética: es la reflexión práctica que orienta a la persona a la realización del bien. Contempla un conjunto de razones válidas para cualquier persona; luego, la acción se vuelve más compleja, se entrelazan las acciones y el razonamiento ético implica analizar otros aspectos que no dependen sólo del impulso natural de hacer lo correcto. Lo primero a lo que mira la ética es al objeto de la acción (el qué): por ejemplo producir unos determinados bienes o prestar unos servicios. Luego analiza el fin que se propone la acción (para qué), por ejemplo satisfacer unas necesidades, desarrollar a las personas, lograr su calidad de vida, buscar un bien común. Luego estudia las circunstancias; por ejemplo, no es lo mismo de extrema escasez o de abundancia, de enfermedad o de salud.
2. Por qué la persona actúa éticamente:
Lo primero es que cada uno debe responder por la propia vida y por su dignidad. Y eso sólo puede darse si admitimos que la persona tiene una brújula del comportamiento que llamamos conciencia; no simplemente porque damos cuenta de que conocemos y obramos, sino porque que tendemos naturalmente a hacer el bien y por eso debemos emitir juicios que comprometen nuestras actuaciones para bien o para mal. Algunas veces lo hacemos por una especia de sentido común que nos dice qué está bien y qué está mal. Pero en otros casos hay que pensarlo, hay que razonar cuidadosamente para saber lo que debemos hacer. Y eso nos compete a cada uno, aunque los demás nos pueden ayudar a ilustrar nuestra conciencia para actuar no sólo con certeza sino con rectitud moral.
La libertad se afirma en las decisiones que tomamos y si son adecuadas a nuestros fines como personas y a los que nos proponemos para lograr la felicidad o el éxito en una actividad profesional, estaremos siendo cada vez mejores como personas, como miembros de una empresa o como ciudadanos. Normalmente queremos hacer el bien a nosotros mismos y a los otros. “Hacer el mal no es libertad, ni parte de la libertad”, es una desviación fruto de un error que nos lleva a actuar indebidamente. Nos damos cuenta también de que hay cosas que podemos hacer pero que no debemos hacer porque la conciencia o una norma que hemos aceptado nos dice que no debemos hacer. Los deberes que surgen de los derechos que tenemos nos generan obligaciones morales que estamos comprometidos a cumplir.
Es bueno actuar éticamente pensando más en hacer el bien que en atacar el mal; en obrar con libertad que por obligación; en hacerlo por amor a uno mismo y a los demás que por simple sentido del deber o porque alguien nos lo impone; como fruto de nuestra conciencia más que por imitación de lo que otros hacen; más por vivir unos valores que porque lo indican unas normas; más por el servicio que por el beneficio; más por dar que por tener.
B. La ética como propósito corporativo
Las organizaciones también son éticas: no son la suma de las conductas individuales: hay una estructura, misión, visión y valores comunes a todos, y actúan o responden corporativamente, no sólo a través de los individuos. Tienen responsabilidades y compromisos. Tienen dilemas éticos. Es diferente de la conducta de la persona individual, y de la actuación de quien la dirige. Miran a un bien común corporativo y social. Las personas tienen conciencia y podemos decir que las corporaciones son conscientes de la importancia de actuar éticamente y de tener sensibilidad ética compartida. Es conveniente distinguir la ética personal, la ética organizacional y la ética del directivo empresarial, que se relacionan entre sí porque, en el fondo, la ética es una e indivisible, pero implican temas y enfoques diferentes. Para entender bien la ética organizacional es bueno recordar que la empresa es una organización de personas para obtener beneficios:
La empresa es medio, no fin. La empresa es no sólo una organización económica productiva. Es una comunidad de personas que busca un bienestar corporativo integral (ética organizacional). Y es una entidad que realiza valores de diverso tipo en un contexto social. Además, en todo ello tiene que tener muy presentes los objetivos de sus diversos grupos de interés (accionistas, empleados, clientes o proveedores, la sociedad y el estado).
Podemos afirmar que la ética empresarial abarca razones y prácticas corporativas orientadas al logro del bien propio de la empresa. Eso implica una compleja red de acciones que convergen en ese logro, precedidas del establecimiento de unos fines corporativos que comprometen a todos sus integrantes. No se queda en propuestas o en definir unos instrumentos que operan como una orientación deseable. Eso se deber traducir en comportamientos observables, que es donde se comprueba que no basta con las ideas o con las buenas intenciones acerca de lo que es correcto desde el punto de vista ético. La intención de lograr unos determinados fines va seguida de la deliberación sobre los medios más adecuados para lograrlo, de las circunstancias que rodean ese proceso, y de la correspondiente toma de decisiones. Ahí es donde se pueden resolver mal las cosas porque falla el discernimiento sobre lo que es correcto o no correcto o lo que es bueno o malo.
C. Que significa que una empresa sea ética
La Ética no sólo estudia los problemas o dilemas que surgen, por ejemplo en relación con los conflictos de intereses o sobre la privacidad o la reserva de la información. Es lógico que esas cuestiones se planteen y que a veces no es claro lo que debe hacerse. No se trata de actuar con base a fórmulas predeterminadas o a reglas infalibles. Es necesario formar el criterio para saber actuar, para proceder con un cierta “inteligencia ética”, así como se habla de la inteligencia emocional. Y eso supone una cierta flexibilidad para aplicar o dejar de aplicar una norma implícita o explícita. Hay que preocuparse más por la salud ética que por las enfermedades éticas, sin descuidarlas.
Por eso la Ética empresarial no sólo ayuda a resolver problemas, sino que se propone explícitamente que la gente actúe bien, haga lo correcto sin que se lo tengan que estar recordando las normas explícitas de un código ético o de conducta. Estos pueden ser elementos o herramientas de ayuda, pero la actuación ética requiere una fuente interior, algo que no es tan tangible como la norma escrita o como un proceso de producción o la prestación de un determinado servicio. Pero es tan real e importante como todo eso. Sólo que no lo podemos manejar de la misma manera, ni imponer a las personas. Lo mejor que podemos hacer es proponer, promover, fomentar, procurar que las personas sean consecuentes con la misión, la visión y los valores corporativos y con lo que en determinado momento su conciencia le recomienda a cada uno como lo mejor que puede hacer. Por eso en la Ética juegan un papel decisivo las motivaciones y las actitudes.
Hay que considerar que los objetivos éticos están muy relacionados con la búsqueda de la excelencia, con el tratar de hacer las cosas con la mayor perfección posible; eso es connatural al ser humano, aunque lógicamente no se da espontáneamente, hay que proponérselo; por eso unas personas lo logran más que otras; lo mismo ocurre con las empresas. Lo que no se puede perder de vista es que la empresa es un sistema humano y de cooperación, es decir que el centro de la actividad corporativa es la persona, su trabajo y las relaciones interpersonales como base de la productividad o de los resultados económicos, o de otro orden, que se buscan. Si las personas no son éticas, las estructuras organizacionales se tornan inoperantes. Incluso las mismas estructuras éticas (códigos, comités, valores definidos, pactos empresariales, etc.).
Para que podamos decir que la empresa es como sistema humano es ética hay que promover el desarrollo racional y la acción libre y espontánea de la persona, procurar que viva valores y concebir el trabajo como fuente de realización personal. Para lograrlo hace falta desarrollar competencias humanas, profesionales y especializadas, y una actitud de mejoramiento y de aprendizaje. Como sistema de cooperación, la empresa es ética si tiene en cuenta que toda aportación dentro de ella contribuye a sus fines, no sólo el capital o los procesos técnicos. Eso es un motivo para que la gente no sólo haga lo que le corresponde sino que vaya más allá. La empresa debe ser una red de colaboración y cooperación. Para eso hay que saber conjugar el rendimiento, los resultados, con la satisfacción personal y con la trascendencia que se alcanza en el servicio a los demás y a la sociedad.
2. GESTIONAR LA ÉTICA: POLÍTICAS, ESTRATEGIAS Y PRÁCTICAS.
La cultura ética se estructura, se construye a partir de unas bases (que no se inventan desde cero) propuestas a todos los colaboradores para compartirlas y para que todos las vivan consciente, libre y responsablemente. No se trata de buscar sólo la adhesión a unos instrumentos tipo código de ética o de buen gobierno o lista de valores corporativos, sino que en la empresa haya el cultivo habitual de prácticas sanas que faciliten a todos obrar éticamente, con rectitud, transparencia y honestidad. A partir de una plataforma básica, que todo el mundo debe conocer e interiorizar, se dan criterios para la actuación, no rígidos e inflexibles, sino inspiradores a la hora de tomar decisiones éticas, con la debida adaptabilidad por la variación de situaciones, circunstancias, problemas o soluciones.
La gestión de la Ética comprende: políticas, estrategias y prácticas
A. Políticas éticas:
La Ética es algo fundamental en la organización: condición esencial de los negocios, no algo superpuesto o añadido. Se busca promover una cultura ética en todos los niveles de la empresa y capacitar a la gente para que logre actuar cada vez más éticamente por su propia iniciativa, como una respuesta a algo conveniente para la empresa, a través de planes específicos de formación ética. El monitoreo que se haga de esos planes y de los comportamientos sirve fundamentalmente para comprobar si la política y la correspondiente estrategia dan los resultados esperados. Los métodos empleados deben ser transparentes y amables, basados en la confianza. De ese modo se genera credibilidad en los procedimientos. Todo conduce a fortalecer la reputación de la empresa, que debe protegerse en todo momento.
Es decisiva la política de comunicación ética que se adopte y el estímulo permanente para que la formación sea aceptada y vivida con libertad y respondiendo a motivaciones de tipo transcendente (amistad, servicio, solidaridad). Deben establecerse políticas éticas específicas para temas como:
B. Estrategias
La empresa no sólo debe tener planes estratégicos y dentro de ellos contemplar los aspectos relacionados con la Ética y los valores corporativos. Deben existir expresamente estrategias éticas para poder poner en acción las políticas éticas de modo que no se queden como referentes ideales del comportamiento sino que conduzcan a prácticas éticas concretas.
Con base en lo expuesto por Driscoll y Hoffman (Ethics Matter, Center for Busines Ethics, 2002), podemos señalar unas estrategias generales aplicables atoda empresa, que no eximen de la elaboración de estrategias propias de cada organización en particular:
a) Sensibilidad ética, que busca
Hay que tener presente que ese proceso de sensibilización encuentra unos obstáculos iniciales que, siguiendo a los autores citados, se pueden resumir de la siguiente forma:
b) Razonamiento ético:
Raciocinio de acuerdo con las políticas y prácticas éticas. Considerar que la sola información o la teoría sobre la ética no producen cambios en el comportamiento. Lo que realmente lleva al cambio es la transformación de la conducta personal a través de comportamientos observables por los demás. Hay que saber qué hacer en cada momento y ante cada situación o problema. Eso implica razonar, o sea, deliberar y juzgar de acuerdo con las políticas establecidas y teniendo como referente los principios y valores corporativos. Eso lleva a hacerse preguntas, plantear dudas, a consultar qué es lo más adecuado, y a aprovechar las oportunidades para adquirir criterios de actuación.
c) Acción o comportamiento ético:
Es la hora de la verdad de la Ética, donde se pone a prueba su realidad y el éxito en la gestión ética: actuar éticamente en situaciones concretas y en determinadas circunstancias, por ejemplo a propósito de los dilemas. Así se incorpora a la conducta un determinado modo de actuar y se crean hábitos sobre cómo atender determinados asuntos. Se fomentan costumbres que realizan a nivel colectivo lo que la virtud logra a nivel personal; ambas mediante el hábito estable. Las acciones son impulsadas por las estructuras operativas existentes: departamento de Ética, comité ético, línea ética, etc. Aunque a esas instancias se acude a resolver problemas, al mismo tiempo se fomenta la actuación responsable sin supervisión.
d) Comunicación ética
Las estrategias de comunicación ética son indispensables. Se busca que todo el mundo hable y entienda lo mismo acerca de la actuación ética, lo cual se logra con un trabajo constante y paciente; a medida que se comparte se logra una mayor conciencia de la importancia de actuar éticamente. Se utilizan todos los medios de comunicación interna, entre ellos los medios virtuales para reforzar los mensajes. Es importante llegar con los mensajes no sólo a los empleados y a los clientes sino a todos los grupos de interés (proveedores, accionistas, comunidad, estado).Si existen en la empresa multiplicadores o grupos promotores que trabajan en otros temas, pueden aprovecharse para el reforzamiento de los mensajes relacionados con la ética.
C. Prácticas éticas corporativas
Hemos hablado de la acción ética, que es la hora de la verdad de este tema. Con base en las acciones se va teniendo un conjunto o sistema de prácticas éticas corporativas que recogen la experiencia que se adquiere sobre solución de diversos dilemas. Se constituye poco a poco un acumulado institucional de gran valor para las futuras actuaciones, que son una ayuda equiparable a lo que es para el derecho la jurisprudencia basada en casos reales. Junto a eso, se utiliza también el conocimiento y análisis de experiencias de otras empresas en casos parecidos. Se hace un estudio comparativo con las situaciones propias, muy útil para ilustrar bien los criterios que se adoptan en determinado momento, y que sufren modificaciones según las circunstancias. Lo que en esos casos se hizo no es la regla exacta que se debe aplicar, sino algo inspirador para la nueva situación.
Siempre será necesario ejercitar la prudencia para discernir bien en cada caso. Del mismo modo, esas experiencias sirven para hacer ajustes a las normas y criterios y para que exista una renovación dinámica de los mismos. Esa experiencia aquilata y refuerza la aplicación de las normas de comportamiento propuestas en torno a los aspectos más relevantes como: conflictos de intereses (diversos grados de impacto), situaciones de corrupción y soborno (diferentes formas), publicidad, patrocinios, donaciones, atenciones, etc.
Hay que acudir a los medios de capacitación y de formación ética, e incluso de evaluación, para fortalecer los conocimientos y la capacidad de afrontar los dilemas éticos y para promover las prácticas éticas independientemente de que se presenten o no los problemas. El examen de los casos sirve mucho para ilustrar las situaciones reales que se presenten. La tecnología virtual puede ofrecer mucho material útil para analizar y sacar ideas aplicables a lo propio. Tener siempre presentes los recursos de los que se dispone para facilitar la oportuna toma de decisiones, incluidos los mecanismos de consulta anónima (línea telefónica ética, consultas por e-mail, etc.).
Hay que hacer que la ética sea tarea de todos, no solamente de los directivos o del departamento de Ética o de desarrollo humano. Cada uno no es una pieza aislada de comportamiento ético. Es eslabón de una cadena, que no debe romperse por la debilidad de uno solo. Todo el mundo aporta. Del presidente o del gerente para abajo cada uno tiene un papel ético que desempeñar, que los demás van a reconocer en la medida en que cada uno tenga un desempeño a la altura de las políticas éticas de la compañía. Hay que pasarse la voz de que ser ético es algo conveniente para todos, para hacer las cosas bien y para fortalecer la reputación de la empresa.
La ética se impulsa corporativamente desde la conducta de las personas. En la medida en que cada una se apropia de los conceptos, del razonamiento ético y, sobre todo, de la acción ética, se da un proceso de vivencia compartida. Con la palabra y con los hechos se va produciendo prácticas éticas habituales que se convierten en referente del comportamiento para los demás. Es más un proceso de “contagio” y de comunicación espontánea e informal que de mandatos o normas sobre la ética: es promover que la persona consciente, libre y responsablemente actúe de forma ética y sea capaz de resolver los dilemas que se le presenten. Se le propone, se le insiste, no se le ordena.
3. LIDERAZGO PARA HACER SOSTENIBLE UNA CULTURA ÉTICA
A. Cada persona debe ser un líder multiplicador de la ética
En la empresa, por la acción consciente y libre de cada persona, se va creando un clima favorable a la actuación ética en la que todos intervienen como sus aliados y como líderes frente a los demás porque ejercen una influencia real y positiva que sirve de orientación, de observación de lo que otros hacen para tratar de hacer lo mismo, una vez que se tiene una idea clara de por qué y cómo ser ético, de modo que eso se vuelva una característica de la empresa, algo por la que se le reconoce.
Hay que procurar un aprendizaje permanente de los temas éticos, presentados siempre como parte de la búsqueda de la excelencia en el hacer y en el ser. Hay siempre una conjunción del aprendizaje personal con el aprendizaje corporativo, siempre con la idea que todos aprenden pero, de alguna forma, todos enseñan porque todos comunican y todos lideran e influyen para que nadie se quede atrás, para que juntos se consigan los objetivos comunes. Hay que estar volviendo sobre el código ético y de buen gobierno, si lo hay, y sobre los principios y valores definidos, también sobre los pactos éticos, para que se vivan, para que no se queden en letra muerta, renovando aspectos y modos de presentarlos, de modo que nunca sea tarea rutinaria o pesada, sino novedosa e interesante.
De la apatía, indiferencia, desconocimiento o confusión ante la ética, se pasa progresivamente a un conocimiento cierto, a la seguridad en la toma de decisiones. Se podrán cometer errores, es lógico, pero de esos errores se saca experiencia para la próxima ocasión. Como ya se dijo, cada empresa va teniendo sus propios casos que sirven a otras personas y áreas para futuras decisiones. Es cuestión de que esa experiencia acumulada se organice y se ponga a disposición de todos como parte del liderazgo que se les pide para que lo comuniquen unos a otros.
Este liderazgo se configura como liderazgo trascendente porque todo lo que cada persona realiza desde el punto de vista ético, a través de su trabajo, trasciende, va más allá de sí misma, la pone en contacto con los demás; y se expresa en los valores que procura vivir, partiendo de los valores corporativos que se hayan definidos. Y se expresa a través del servicio y de la solidaridad en el trabajo con los demás para el logro de un bien común que trasciende a todos, que depende la acción tanto individual como corporativa.
Veamos más en detalle las tres dimensiones del liderazgo ético trascendente:
1) Trascender a través del trabajo como obra de la persona para hacer, tener, obrar y ser, y así, dar y servir: Yo no soy lo que hago, busco ir más allá; con el hacer consigo tener determinados objetos, bienes o cosas; pero en el trabajo puede darse una adicción al tener, que debe superarse sabiendo interiorizar lo que se hace (obrar) para lograr la meta más ambiciosa, un trabajo con sentido que apunta a ser persona en todo el significado pleno de la palabra; no la personalidad natural que se tiene por el hecho de vivir, sino la que se alcanza como fruto del desarrollo y el crecimiento como persona. Esto equivale a dotar de sentido trascendente al trabajo. Y la plenitud del ser tiene que ver con su capacidad de dar, de servir y amar.
2) Trascender a través de los valores:
El liderazgo trascendente es un liderazgo con valores personales, dinámicos, flexibles, que se adquieren con el aprendizaje personal al tiempo que se desaprenden los respectivos antivalores. El liderazgo trascendente no sólo se basa en valores sino que los realiza a nivel personal y los promueve a nivel colectivo. Esos valores no dejan que la persona se encierre en sí misma o los practique sólo para ella. Tienen una fuerza cultural que se puede percibir en la relación interpersonal.
Esa proyección es inevitable y, además, muy conveniente para verificar que el valor no es sólo un asunto personal sino social. El valor es un bien que perfecciona a la persona que lo practica consciente y libremente. Los valores nos ponen en relación con los demás, quienes constatan si los vivimos o si trascienden a ellos en forma de ejemplo para fortalecer la convivencia. Los demás verifican nuestros valores. Sobre todo si hablamos de valores éticos. Una persona honesta no lo es para sí, lo es en relación a los otros. Se desencadena un proceso que va más allá de uno y otro, que trasciende del uno al otro.
3) Trascender a través del servicio
La persona al trascender, sale de sí para ir más allá, más lejos, para “cruzar al otro lado y subir”, y esto sólo lo logra con el dar, con el donar, con el dar sin perder lo que se da, lo que se tiene; proceso en el cual surge la entrega, que no necesariamente está ligada al tener, porque puedo darme sin tener mucho que dar en el orden material. Y el dar con amor encuentra su expresión más lúcida en el servir. Servir enorgullece a la persona, no la rebaja, la enaltece. Pero para servir hay que estar disponible. Servir para implantar una cultura del dar, no del tener. Quien sirve está ayudando a construir la vida del otro. Quien da es más feliz que aquel que posee, porque para dar hay que poseer y desprenderse de lo que se posee. Dar no es sólo dar cosas es, sobre todo, dar tiempo, dar oportunidades, darse a sí mismo. Dar para servir o servir para dar, se resuelven en lo mismo, ya que el corazón de la donación o del servicio es un puente con los demás vistos como un alguien merecedor de esa conducta por mi parte.
B. El directivo está llamado a ejercer un liderazgo ético con ejemplaridad.
La Ética en su dimensión personal se centra en la integración entre principios o normas y la práctica de valores personales que llega a convertirse en hábitos estables de vida –virtudes- desde los cuales proyecta a los demás los comportamientos que demuestran que se busca el bien para sí y para los otros, que es el meollo de la ética. Ésta pasa a ser como el corazón que impulsa la vida de trabajo del directivo, desde donde él influye poderosamente en la cultura ética de la empresa para orientar las acciones al logro del bien que se busca: los objetivos y metas. Para alcanzarlos, la integración de principios, valores y virtudes debe darse a título personal y en la función directiva.
Los valores no pueden quedarse en una declaración o en una formulación conceptual sino que deben tener una repercusión en lo operativo de la organización. Debe darse, como en todos los demás aspectos de la ética, una gestión en la cual aparecen explícitamente las políticas, estrategias y prácticas referidas a los valores corporativos. Eso requiere un apoyo constante por parte de quienes dirigen y unas tareas específicas tan importantes como lo que tiene que ver con la productividad económica de la empresa. La gestión de los valores es inseparable de la estrategia global de la empresa. Como afirma López Quintás, “líder es aquel que guía hacia los valores de modo personal”. Los valores se transmiten a través de modelos vivos y reales, que se presentan, en el servir. Servir enorgullece a la persona, no la rebaja, la enaltece. Pero para servir hay que estar disponible. Servir para implantar una cultura del dar, no del tener. Quien sirve está ayudando a construir la vida del otro. Quien da es más feliz que aquel que posee, porque para dar hay que poseer y desprenderse de lo que se posee. Dar no es sólo dar cosas es, sobre todo, dar tiempo, dar oportunidades, darse a sí mismo. Dar para servir o servir para dar, se resuelven en lo mismo, ya que el corazón de la donación o del servicio es un puente con los demás vistos como un alguien merecedor de esa conducta por mi parte.
B. El directivo está llamado a ejercer un liderazgo ético con ejemplaridad.
La Ética en su dimensión personal se centra en la integración entre principios o normas y la práctica de valores personales que llega a convertirse en hábitos estables de vida –virtudes- desde los cuales proyecta a los demás los comportamientos que demuestran que se busca el bien para sí y para los otros, que es el meollo de la ética. Ésta pasa a ser como el corazón que impulsa la vida de trabajo del directivo, desde donde él influye poderosamente en la cultura ética de la empresa para orientar las acciones al logro del bien que se busca: los objetivos y metas. Para alcanzarlos, la integración de principios, valores y virtudes debe darse a título personal y en la función directiva.
Los valores no pueden quedarse en una declaración o en una formulación conceptual sino que deben tener una repercusión en lo operativo de la organización. Debe darse, como en todos los demás aspectos de la ética, una gestión en la cual aparecen explícitamente las políticas, estrategias y prácticas referidas a los valores corporativos. Eso requiere un apoyo constante por parte de quienes dirigen y unas tareas específicas tan importantes como lo que tiene que ver con la productividad económica de la empresa. La gestión de los valores es inseparable de la estrategia global de la empresa. Como afirma López Quintás, “líder es aquel que guía hacia los valores de modo personal”. Los valores se transmiten a través de modelos vivos y reales, que se presentan, procesos y funciones requeridas, incluidos los aspectos tecnológicos propiamente dichos, los sistemas de control y a todo lo relacionado con la dirección y el ejercicio de la autoridad. Lo ético no se subordina a lo “técnico”, porque el sistema humano tiene prioridad sobre todo lo que tiene que ver con la estructura. El primer deber de la autoridad es su ejercicio ético, conforme a principios y valores y orientada a hacer crecer a las personas. Aquí conecta con el liderazgo ético del directivo, tema al que nos hemos referido en el apartado anterior.
Después la gestión ética afecta directamente el sistema social de la empresa, lo que tradicionalmente se llama clima organizacional. Lo denominamos sistema porque es un entramado de relaciones que impacta la cultura de un modo muy importante. Lo que lo impulsa y alimenta es la motivación, especialmente la de tipo trascendente, a la que ya hemos hecho alusión en otro punto. Y se despliega en el papel de los equipos de trabajo y en ellos la complementariedad y la toma de decisiones, aspecto decisivo en todo lo que tiene que ver con los comportamientos éticos. Hay un punto que focaliza mucho: la ética del servicio.
Finalmente la consideración del papel del sistema cultural propiamente dicho, es decir, los principios, normas, tradiciones y creencias que forman un tejido peculiar que está siempre presente en la actividad de la organización, unas veces de modo explícito y otras de modo implícito, forjando unos modelos mentales corporativos que cumplen un papel positivo. Aquí el impacto de la ética y los valores es muy directo. La gestión ética no se puede llevar a cabo sin contar con ellos. Son un poderoso medio para apalancarla mediante la creación de hábitos estables de conducta. También se debe insistir en que la cultura ética no es algo estático que opere como una camisa de fuerza predeterminada. Es algo dinámico, flexible, que debe estar en constante actualización y revisión para establecer correctivos y mejoras, para superar dificultades que sobrevienen necesariamente ante las exigencias de obrar de modo correcto en un contexto social para promover en todos los sectores y en el gobierno una pedagogía social de la Ética y los valores.
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