Por: Cynthia Langshaw
Gran parte de la población que habita el globo terráqueo recibe un subsidio o ha sido despojado de él. Los subsidios estatales, conocidos en materia presupuestaria como transferencia, son un importante instrumento económico en la ejecución de las políticas públicas de un Estado en el cual éste, a través de los gobiernos de turno, interviene en los sectores productivos y en los consumidores trasladando a estos últimos efectivo o especie sin recibir una contraprestación real, con el fin primario de que los grupos más vulnerables puedan acceder a bienes o servicios por debajo o nulo costo, con el ánimo de preservar o asegurar la satisfacción de las necesidades básicas.
La conceptualización de este instrumento ha ido evolucionando o ampliándose de acuerdo con el nivel de desarrollo de los pueblos, así tenemos que en un principio básico se definía, entre otras, como “prestación pública asistencial de carácter económica y de duración determinada”; luego encontramos un concepto más amplio como “herramienta utilizada en las políticas públicas para estimular el consumo o la inversión, y a través de ello la producción y la innovación tecnológica, para solucionar fallas de mercado y para proteger a los grupos más vulnerables.”
Esta institución se sostiene económicamente con los tributos y/o con deuda pública, que termina igualmente en tributos, por lo que deben ser presentados en el Presupuesto General de la Nación, por ello siempre ha sido un tema de alta sensibilidad, cuando se discute la eficiencia y eficacia de la administración pública, ya que compromete a los contribuyentes actuales y de las futuras generaciones al pago de las mismas. Es fundamental que los gobiernos trabajen este tema con un máximo nivel de transparencia para evitar percepciones negativas de parte de la ciudadanía en general con este manejo de recursos del Estado. Por tal motivo, se requiere que los programas tengan un balance positivo entre costos y beneficios, una duración determinada, bien identificados y cuantificados, rendir cuenta en ejecución, control y resultados, no deben estar pensados para coyunturas políticas improvisadas ni electorales, entre otras muchas variables.
Los subsidios están estructurados en diferentes esquemas. De manera simple pasamos a ilustrar el subsidio directo en que el Estado asume una parte del costo de la facturación por servicio a algunos consumidores, de acuerdo con rangos previamente establecidos. Por lo general se muestra en la facturación el valor subsidiado; el subsidio cruzado, el Estado no asume el subsidio sino que se da entre los usuarios de un mismo servicio en los que algunos pagan más del costo real para permitir que otros paguen menos, aquí los ingresos de las empresas no se alteran.
Otros esquemas de subsidios a los usuarios consiste en que las empresas productoras sacrifican hasta un cierto nivel de rentabilidad; los subsidios antiinflacionarios, es el aporte del Estado a empresas para evitar la subida de precios de bienes y servicios; subsidios crediticios, que consisten en préstamos a tasas de interés más bajas que las que presenta el mercado; subsidios a la producción; subsidios personales o familiares, que son los pagos directos en efectivo; subsidios cambiarios, como el mantenimiento de una moneda sobrevaluada; subsidios impositivos, o la reducción de impuesto como estímulo a la inversión; subsidios regulatorios, que modifican los precios de mercado o el acceso al mercado; subsidios a la exportación; subsidios a la investigación científica e innovación tecnología, toda esta lista por mencionar solo algunos.
La misma complejidad del manejo y resultados de esta figura en las políticas públicas ha llevado por décadas a impulsar serias discusiones sobre si la buena fe o bondad de este instrumento ha cumplido con su objetivo de equidad, solidaridad social y de una justa redistribución de ingresos elevando las capacidades del ser humano, y, por otro lado, que este es parte de la causa de la lenta o poca disminución de la pobreza en el mundo, despilfarro de fondos públicos e incluso utilizado para actos de corrupción; pero aún más dramático cuando los pueblos se acostumbran a recibirlos por largos periodos y esperanzarse a ellos, caso de varios países europeos, formando incluso manifestaciones, paros, huelgas pacíficas y hasta violentas cuando en tiempos de crisis los gobernantes recurren nuevamente a este instrumento, pero para despojárselos.
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